Desde siempre ha sido interesante y necesario para determinadas problemáticas y tratamientos la posibilidad de dar cuenta de lo que sucede constantemente en nuestros cuerpos. Esto podría estar dejando de ser un problema en un futuro cercano, gracias a importantes avances en materia de tecnología.

La posibilidad de monitorizar en tiempo real todo lo que ocurre dentro y alrededor de nuestros cuerpos ya puede dejar de ser un desafío, gracias a los sensores miniatura desarrollados por investigadores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Tufts, en los Estados Unidos.

¿Es posible llevar un control de lo que comemos? Nuevos avances en tecnología nos dicen que sí

Lo primero que se debe mencionar en esta cuestión tiene que ver con que no es, en realidad, la primera vez que se desarrollan dispositivos especiales para el control de la ingesta de alimentos. Sin embargo, estos anteriores contaban con diversas limitaciones que alteraban su funcionamiento. Entre estas, encontramos la necesidad de un cableado extenso, la utilización de un protector bucal o una degradación con el paso del tiempo, lo que hacía que fuera necesario cambiar frecuentemente los dispositivos, siendo entonces muy costoso.

Teniendo estos dispositivos como antecedentes, el grupo de ingenieros y de especialistas en materia de tecnología de la Universidad de Tufts de los Estados Unidos buscó dispositivos que pudiesen ser más adaptables.

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http://xabes.com/2018/03/26/sensor-para-saber-que-comemos/

En la revista Advanced Materials, se publicó un estudio que muestra el modo en que las adaptaciones de estos sistemas conocidos pueden derivar en nuevos dispositivos que permitan la detección y, también, el registro de los diferentes nutrientes y sustancias químicas que se encuentran o que ingresan en el organismo de un ser humano. Al mismo tiempo, podrían permitir dar cuenta del estado fisiológico de una persona.

En relación con esto, el coautor de este estudio y también investigador de la universidad mencionada, Fiorenzo Omenetto, sostuvo:

“En teoría, podemos modificar la capa bioreactiva en estos sensores para apuntar a otros químicos, sólo estamos limitados por nuestra creatividad”

En esta búsqueda de una tecnología que pudiese adaptarse mucho mejor, los investigadores de la Universidad desarrollaron un sensor de huella simple de solamente 2 mm de alto por 2 mm de ancho. Este, no solamente puede adaptarse con facilidad, sino que, además, puede unirse de manera flexible a las superficies irregulares frecuentes en los dientes. El modo en el que funcionan estos sensores tiene que ver con transmitir, de manera inalámbrica, diversos datos acerca de la información mencionada con anterioridad. Esto ocurre a modo de respuesta a una señal de radiofrecuencia entrante.

Tres son las capas que conforman estos sensores y se encuentran intercaladas. La capa central es bioreactiva y absorbe los nutrientes o químicos a ser detectados. Por su parte, las capas externas consisten en dos anillos de oro de forma cuadrada. Al trabajar en conjunto, estas tres capas generan una pequeña antena, lo que les permite recoger y transmitir ondas en el espectro de radiofrecuencia.

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